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miércoles, 12 de octubre de 2011

Don Joaquín, Patriarca de los Ajedrecistas. 1918-2000. Por Alexis Murillo.


Escritor costarricense nacido en Limón. Reconocido intelectual y extraordinario jugador de ajedrez, fue uno de los escritores más representativos de la literatura contemporánea de este país. No sólo destacó en la literatura, con obras como Poesía (1937), Jicaral (1938), Cocorí (1947), Manglar (1947, su primera novela), Puerto Limón (1950), La hoja de aire (1968), Murámonos, Federico (1973), Volveremos (1974), Te acordarás, hermano (1978), Chinto Pinto (1982), Vietnam. Crónicas de guerra (1988), Crónicas de otro mundo (1999) o Los azules días (1999), sino que fue reconocido mundialmente por la calidad de sus traducciones de obras de autores clásicos, como Shakespeare, y por su trabajo periodístico, tanto en la Guerra de Vietnam, como en diarios de Chile, país dónde vivió 25 años. Además fue locutor, traductor y reportero, siendo amigo personal de Pablo Neruda y de Salvador Allende, quien personalmente lo puso al mando de la Editorial Quimantú (El Sol del Saber, en mapudungún). Esta editorial fue el proyecto librero de mayor envergadura que ha conocido Chile. Joaquín Gutiérrez Mangel que creó el personaje infantil de Cocorí, que se hizo mundialmente famoso, indagó la historia e identidad costarricenses, defendiendo valores como la independencia de pensamiento, la soberanía, la justicia y la solidaridad.


Crónica del MI Alexis Murillo Tsijli.  Escrita hace ya algunos años.


En tiempos recientes el ajedrez de Costa Rica ha tenido éxitos muy importantes. Gracias a figuras como los Maestros Internacionales Bernal González y Sergio Minero, los Maestros Fide William Charpentier y Alexis Murillo y otros jóvenes ajedrecistas, nuestro país se ubica ya entre los primeros de la región y está a punto de dar el gran salto al máximo nivel.
Como en todas las disciplinas humanas, el progreso del ajedrez no responde al simple esfuerzo de unos pocos, sino a la acumulación de experiencias, experimentos y ensayos. El progreso reciente del juego del espíritu responde a un desarrollo histórico. Muchas son las figuras que han marcado con su sello el mundo de los trebejos y los escaques. Carlos Manuel Valverde, Rogelio Sotela, Fernando Montero, Rosalía de Serrano, Walter Field, Jorge Rovira, Juan León Jiménez, Jaime Vaglio y tantos y tantos otros...
Entre todos estos insignes gladiadores de la idea, surge majestuosa la imagen del Campeón de Campeones, don Joaquín Gutiérrez Mangel.
En nuestro país, tan dado al disenso, a la controversia, en el que todos opinamos de manera distinta a los demás como por deporte, hemos logrado al fin ponernos de acuerdo en un tema: que por sus méritos, don Joaquín es el más grande ajedrecista costarricense de todos los tiempos. Nadie ha logrado dejar una huella tan profunda en tantos ajedrecistas de varias generaciones.
Todo esto lo ha logrado como los verdaderos Maestros, sin siquiera habérselo propuesto. Es tan natural y espontáneo como todo en su vida, como en su carrera de periodista, de escritor, de traductor.
La carrera ajedrecística de don Joaquín es tema para hacer un gran libro. Por ahora me limitaré a compartir con los lectores aquellas cosas que desde que comenzó mi carrera de jugador de ajedrez me han impresionado del Maestro, a modo de semblanza.
En 1986 don Jaime Vaglio era el entrenador de la Selección Nacional Juvenil, a la cual por entonces se me había convocado. Un día invitó a don Joaquín para que nos mostrara en persona sus mejores partidas y nos diera una sesión de partidas simultáneas.
Recuerdo perfectamente que después de que nos ganara a todos, una a una, las partidas, no podíamos explicarnos el hecho de que desde 1979 se retirara de las competiciones. Sentíamos tristeza de no poder admirar su juego que sigue siendo tan creativo, fresco, dinámico y erudito como cuando ganó por primera vez el Campeonato Nacional en 1938.
Más tarde, cuando compartió con nosotros los detalles de su vida de jugador de ajedrez, recibimos la más fascinante lección que pudiéramos recibir jamás. Aprendimos lo que los libros no enseñan. Años de estudio son insuficientes a la par de aquella lección magistral, a la que debo gran parte de mi progreso ajedrecístico.
Con su verbo nos llevó a un viaje por el mundo. Sus explicaciones claras y concisas, produjeron en nosotros un efecto tal que sentíamos que éramos nosotros mismos los que jugábamos en 1936 y 1937 contra el gran campeón estadounidense Frank Marshall partidas relámpago en Nueva York.
El año 1936. Un año antes Euwe había sacudido al mundo cuando le arrebató la supremacía a Alekhine. La gente soñaba aún con que Capablanca tuviera una oportunidad de recuperar el Título. Estaba a punto de suceder la revolución del "ajedrez científico" de la Escuela Soviética, liderada por Botvínnik. España estaba envuelta en la Guerra Civil, por lo que en palabras de don Joaquín ya había empezado la Segunda Guerra Mundial.
Cuando regresó a Costa Rica, ganó el Campeonato Nacional, título que también obtendría en 1944. Por esos años ya era muy superior al resto de jugadores costarricenses. Sus numerosas ocupaciones no le permitían coleccionar año tras año el título de Campeón. Pero tampoco le interesaba. El ajedrez da satisfacciones espirituales superiores y él las recibía con gusto. Por eso Caissa le sigue siendo fiel.
En 1939 muy decidido se dirige a Buenos Aires.
La Selección Nacional, por falta de recursos, no asiste al Torneo de Naciones. Pero Joaquín no renuncia a la oportunidad de ver en persona a los grandes jugadores de la época.
Allí fue testigo del talento ajedrecístico de José Raúl Capablanca. Joaquín fue invitado por los jugadores cubanos a analizar con ellos una partida suspendida en la que tenían ventaja, pero no encontraban el camino para imponerla. Después de muchas horas de arduo trabajo, desmotivados ya porque los esfuerzos no daban los frutos esperados, alguien propuso llamar a Capablanca. Llegó el gran Campeón, interrumpiendo su apretada agenda de galán. Al mostrársele la posición su rostro dejó entrever el simple placer de resolver un enigma trivial.
-" La debilidad en el flanco de rey de vuestro adversario, dijo, es decisiva. Pero un ataque directo no resultará porque aún las negras tienen recursos defensivos. Aprovechad la oportunidad de presionar un poco más el flanco de dama, para obligar al rival a divertir sus fuerzas y entonces podréis asestar en el flanco de rey el golpe final."
Dicho esto, se fue. Su presencia era requerida por alguna hermosa dama, que no era precisamente la del ajedrez. En menos de cinco minutos dio la clave, en lo que Joaquín califica como el " más profundo análisis que he visto en mi vida". En las horas siguientes Joaquín y todos los demás cubanos sólo tuvieron que constatar cómo las palabras de Capablanca se cumplían sin el mínimo error.
La lección la aprendió Joaquín de tal manera que se convirtió en un analista tan fino y profundo que llegó a ser algo así como el oráculo de los ajedrecistas. Uno tras otro hasta el día de hoy, cuando Jaime Vaglio, Juan León Jiménez, Rodolfo Arias, Eduardo Piza y tantos otros tienen una partida suspendida o una duda, acuden en busca de su sabio consejo. Él los ha salvado hasta de las más desesperantes dificultades.
El torneo de Naciones fue interrumpido por la invasión de Alemania a Polonia. El ajedrez pasó a un segundo plano hasta que nos llevó a Chile, donde Joaquín vivió por muchos años.
En un pequeño viaje a Costa Rica, en 1957 había recuperado el título de Campeón Nacional y fue invitado en Chile a participar en un torneo internacional, que contaría con la presencia de Keres y Kotov, por entonces dos de los mejores diez jugadores del mundo.
Allí estaba Joaquín. Un aficionado al ajedrez frente a dos profesionales de estatura mundial. Como la estatura nunca le faltó a Joaquín, le ganó contundentemente a Kotov, en una partida inolvidable que le dio la vuelta al mundo. A Keres casi, casi...
Cuando nos mostró la partida con Kotov sentí que yo nunca antes había comprendido el significado real de los términos "estrategia" y "táctica". A partir de ese día me es imposible confundirlos.
La partida empezó con una variante muy complicada de la Defensa Eslava del Gambito de la Dama.
Joaquín había sacrificado un peón a cambio de algunas posibilidades dinámicas y el bloqueo sobre las bases de la posición de su rival ruso.
En la posición crítica, don Joaquín meditó sobre las premisas lógicas. Estratégicamente se había plantado muy bien, por lo que tenía ventaja a pesar del déficit del peón entregado.
Aún así, no era fácil encontrar el camino entre tantas complicaciones y pensó: -"Esta es mi oportunidad de ganarle al gran Kotov. Si la estrategia que he planteado me ha dado ventaja debe existir un camino táctico que permita imponerme."
Acto seguido, pensó por más de una hora y no se le escapó ni un solo detalle entre las laberínticas complicaciones.
Casi logra repetir la historia con Keres, al que había llevado al borde del Jaque Mate. Esto fue suficiente para que en la ceremonia de clausura del torneo, Keres, entre sus elogios a Gutiérrez dijera que se le podía llamar "Gutkeres".
En su recorrido por el tiempo, don Joaquín nos llevó por Moscú, donde presenció un encuentro entre Petrosian y Spassky por el Título Mundial, nos llevó por Vietnam, nos hizo vivir el Golpe Militar de Pinochet y su regreso a Costa Rica rescatado por José Figueres Ferrer.
Después de 35 años de haber ganado por primera vez el Título Nacional vuelve al mundo de los alfiles y queda Subcampeón Nacional dos veces en los años 70.
Allí estaban sus amigos y discípulos Juan León Jiménez y Jaime Vaglio, que le cerraron el camino al cetro. Pero esto no fue obstáculo para que en 1976 fuera el Capitán de la Selección Nacional que participó en la Olimpíada Mundial de Ajedrez en Haifa, Israel.
Allí le dio una nueva vida a una variante de la Defensa Francesa que se consideraba por entonces como perdedora para las negras. Cuando la planteó, en la cara de su adversario de turno, el Maestro inglés Chandler, se reflejaba la confianza en una victoria fácil. Hasta que Joaquín introdujo su novedad. Una jugada paradójica preparada un su laboratorio casero. El rostro de Chandler fue cambiando la expresión hasta que finalmente entendió que la posición era totalmente tablas. Una nueva jugada que todos los Grandes Maestros habían pasado por alto y que obligó a reescribir los libros de teoría de aperturas.
Así es la vida de nuestro gran Campeón. Siempre nos demuestra que la vida está llena de cosas nuevas. Que no hay caminos aparentemente trillados en los que falten detalles por ser explorados. Que ante todo el espíritu creativo y emprendedor, en el verdadero sentido de la palabra libre, da sentido a nuestra existencia.
Ciudadano del mundo y más tico que el agua dulce. Nunca se nos dio una alegría más grande a los ajedrecistas como cuando en 1996 se le dio su lugar en la Galería del Deporte. En el Teatro Melico Salazar pudimos compartir su alegría. Vimos como siempre el brillo en sus ojos, ese brillo que se tiene cuando se logra culminar una gran novela, o una gran partida de ajedrez.
Nos gana a todos. Nos enseña a todos. Cuando nos visita en las competiciones, el silencio se convierte en homenaje vivo de todos nosotros. Queremos oír su comentario siempre certero, siempre trascendente. Él no es un simple ajedrecista. Don Joaquín Gutiérrez Mangel es todo nuestro Ajedrez. ¡Muchas gracias, Maestro!  1
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